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Entrevista al director Samuel Benchetrit de La Comunidad de los corazones rotos

Director Samuel Benchetritt

La Comunidad de los Corazones Rotos es mi primera película. Vale, ya he hecho algunas antes, pero ninguna como ésta. Antes era mi escuela de cine personal. Hay que ensayar.

Y además es como en el amor, siempre se quiere más. Encuentras la gran historia y cuando recuerdas las antiguas (melancolía) nos acordamos de la confianza que nos han dado. Para ser nosotros mismos… Nosotros mismos… Hay que llegar.

La Comunidad de los Corazones Rotos es muy cercana a mí, como nunca. Conozco el entorno, vengo de ahí. La obsesión de una torre. Allá donde vaya, todo parece demasiado llano. Sueños grises, en hormigón armado. Escaleras sin todos los peldaños. Entonces subirlos de cuatro en cuatro. Halls desiertos con viento (del oeste). Y neones, neones por todas partes, como pinos nuevos de un bosque incendiado.

Tengo 40 años descubro mi emoción:

– El sol después de la lluvia sobre una orilla que se zambulle en el Atlántico.

– Un barrio en la noche iluminado por los neones de Carrefour, Leroy Merlin, Castorama.

¿De qué madera estoy hecho?

De hormigón.

¿Mi luz?

El neón.

Tengo que volver. Ya no para escribir sino por la necesidad de filmar una pared. Acercarme, palpar una grieta. Es un cuadro.

Todos los seres nacen artistas. Y entonces, se les dice no, mejor olvídalo.

Recuerdo una entrevista en el colegio con la orientadora del colegio:

– ¿Qué quieres ser de mayor?

– Me gusta el cine Señora.

– ¿Y la mecánica, no te gusta la mecánica?

La Comunidad de los Corazones Rotos es real. Más que nunca. Dice lo real con todo lo que tiene de absurdo y de patéticas verdades. Sin ironía. Sin piedad. Sin intención describir una realidad social. Ocurre aquí y ahora simplemente. No se recrea con lo que fue o lo que vendrá. Es una historia atemporal que vale la pena ser vivida. Ser escuchada.

Es una historia a la altura del hombre. Hombres y mujeres que he conocido. Y que no han cambiado. O tan poco. Porque la gente no se degrada tan rápido como esos edificios mal construidos en los cuales viven. En los cuales vivía yo.

Este lugar no era el más bonito. Ni el más tierno. Pero qué cinematográfico era. Como todo lo popular. Y lleno de ternura. Como todo lo extraño lo es. Eso es a lo que se parece La Comunidad de los Corazones Rotos. Contar la historia de un extranjero, de un extraño. El que desembarca, de lejos o de aquí al lado. En un barrio del que solo se habla mal, o apenas se habla.

El extranjero que llega a casa de los extranjeros.

El que descubre que el único lugar en el mundo donde se encuentra ternura, amor y compasión, es aquel en el que se ha dejado de mirar. Aquel que se ha olvidado.

Contar la soledad, sin hablar forzosamente de violencia.

Contar un paisaje por su luz eléctrica, que late como un corazón sobre paredes llenas de gritos. Y por el silencio que no existe, porque el silencio de esas altas torres, es un silencio con ruido.

Hablar del rechazo a través del humor, porque nadie es tan simpático como esa gente que he conocido. Y acordarme que mi padre me hablaba del humor de los guetos.

Ya que es una nota de intención, aquí está la mía. Es como hacer un viaje hasta allí, porque, aunque está cerca, el viaje es largo.

Intentar encontrar esa ternura profunda y dejarla explotar en esos personajes que no creían en nada. Volver a reír y encontrar a la gente.

Samuel Benchetrit

Entrevista con Samuel Benchetrit

¿QUÉ ES LO QUE LE HA INSPIRADO A REALIZAR LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS?

Samuel Benchetrit: Esta película reúne dos de los relatos de “Crónicas del Asfalto” (anagrama, 2017) que escribí en 2005, a las cuales he añadido la historia de una comediante que ha llegado a instalarse en esa misma anodina comunidad de un barrio. Con la Comunidad de los Corazones Rotos, quería hablar sobre los barrios de extrarradio de forma diferente a través de personajes que no acostumbramos a ver cuando se aborda este tema. Y si tuviera que resumir la película, diría que se trata de la historia de tres caídas. ¿Cómo se puede caer del cielo, de una silla de ruedas o de la gloria y recuperarse? Esa es la pregunta que se desliza por tu mente a cada instante en La Comunidad de los Corazones Rotos. Porque las gentes del extrarradio pueden llegar a ser grandes “resistentes”, de hecho nunca he conocido solidaridad más fuerte que la de este tipo de personas, aunque con el tiempo, como en todas partes, la soledad y el aislamiento ganan terreno poco a poco.

¿CUANDO NACIÓ ESTE PROYECTO?

S.B.: Escribí el guion hace 4 años, justo después del rodaje de “J’ai toujours rêvé d’être un gangster” (Siempre he soñado con ser un gánster). Sin embargo, no empecé a darle forma entonces porque me había comprometido a realizar “Chez Gino”. Al terminar me puse a buscar la financiación para hacerla. Mis dos primeros productores estaban convencidos que iban a encontrar 5 millones de euros, sólo con mencionarme. Y tal y como les dije en numerosas ocasiones, fracasaron. Así que me puse a rodar “Un Voyage” que insensatamente auto produje. Y es justo después de esta experiencia, a la vez dolorosa y salvadora, cuando tuve la suerte de encontrar otros tres productores: Julien Madon, Marie Savare e Ivan Taieb. La Comunidad de los Corazones Rotos debe enormemente a esos tres personajes que han creído, desde el principio, en el proyecto y siempre han estado presentes en cada momento.

¿CUALES SON LOS PRIMEROS ACTORES QUE TUVO EN MENTE PARA LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS?

S.B.: Valeria Bruni-Tedeschi y Michael Pitt se sumaron al proyecto desde el principio y han estado hasta el final. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de trabajar con Valeria. Es una mujer que me llega profundamente. Al verla en las películas que hace, siento lo mismo que con Woody Allen: espero el momento en el que aparece en pantalla porque sé que forzosamente algo va a ocurrir. Por eso estaba convencido de que ella aportaría vigor a la película, aunque su papel como enfermera tuviera pocas escenas. Por su belleza, su energía, su melancolía, etc. Es siempre una suerte estar cerca de ella.

¿POR QUÉ ELEGISTE A MICHAEL PITT PARA EL PAPEL DEL COSMONAUTA QUE ATERRIZA EN EL TEJADO DEL EDIFICIO?

S.B.: Él también me impresionó. Una vez en plató, no deja de buscar y proponer nuevas ideas. Es un trabajador nato que desprende una potencia sobrecogedora cuando rueda. Michael fue mi primera idea para ese personaje, porque me pareció increíble en universos tan distintos como Last Days, Funny games o la serie Boardwalk Empire. Además, tenía una carta en mi bolsillo: Ganar en Sundance con “J’ai toujours rêvé d’être un gangster” permite abrir ciertas puertas. Mandamos el guión a tres actores diferentes. Y Michael fue el primero en contestar y decir que sí.

SI, CÓMO LE DIJO TAMBIÉN ISABELLE HUPPERT…

S.B.: Exactamente. Siempre había soñado rodar con Isabelle. Y su “sí” fue la chispa que inició esta aventura. Desde mi primera conversación con ella hasta hoy, ha sido una experiencia maravillosa. Es una inmensa profesional que sabe exactamente lo que quiere y trabaja enormemente para llegar a ello. Como realizador, ayuda a que tu trabajo sea más elegante. Marca esa distancia que transforma lo simple en tomas sagradas y textos preciosos. Y además, en el plató ha pasado se creó un vínculo especial entre mi hijo Jules y ella. Se han llevado genial.

¿PENSÓ INMEDIATAMENTE EN JULES PARA EL PAPEL DE SU JOVEN VECINO?

S.B.: No. Mis productores lo sugirieron de entrada, pero al principio no lo tuve en cuenta. Probé a otros actores adolescentes, pero como ellos insistían, acabé por ceder y le hice una prueba. Y ahí, tuve que rendirme a la evidencia. Con toda objetividad, era mejor que los demás ya que de entrada había entendido el papel. Confíe en él sin la menor duda. Pero eso no me ha impedido estar un poco inquieto. Para su primera escena, ¡se encontró en calzoncillos dando patadas a un ascensor delante de Isabelle Huppert! (risas) En si vida cotidiana Jules es alguien bastante reservado. Sin embargo, en la pantalla, posee una desenvoltura increíble. Su personaje hace eco de su propia vida, por esa relación de la madre ausente. Detrás de cámaras me decía a veces que estaba totalmente chiflado por algunas escenas que le pedía. Pero estaba equivocado. Pienso que Jules ha aprendido mucho de Isabelle, la cual, para cada escena, se prepara en su rincón, lejos del tumulto del rodaje. Jules ha seguido el mismo método y no se ha dejado desconcentrar por ese equipo que conoce desde que nació. De hecho, con Isabelle y él, he hecho pocas tomas. Desde la primera, todo lo que buscaba estaba presente.

SIGAMOS EXPLORANDO EL CASTING DE LA PELICULA. ¿PORQUE ESCOGISTE A GUSTAVE KERVEN PARA STERNKOWITZ?

S.B.: Al principio, era Jean-Louis Trintignant quien debía interpretarlo, pero tuvo que renunciar por razones de salud. Primero pensé en Vincent Lindon para reemplazarlo. Pero después de leerlo me dijo: “me ha encantado el guión pero no lo haré nunca. Porque se trata de un personaje romántico, lo que no soy en absoluto.” Siguiendo su consejo me puse a buscar alguien entre mi gente que pudiera corresponder a esa definición. Y apareció Gustave. ¡He aquí un romántico puro y duro! Posee una humanidad de una potencia infinita.

EL ÚLTIMO MIEMBRO DE ESTE SEXTETO SE LLAMA TASSADIT MANDI. HACE EL PAPEL DE LA MUJER QUE RECOGE AL COSMONAUTA EN SU APARTAMENTO. ¿DÓNDE LA ENCONTRÓ?

S.B.: Pasé mucho tiempo buscando la actriz que iba a encarnar a esa madre cuyo hijo estaba en prisión. Hasta que Eric Pujol, mi primer asistente, me hablo de la amiga de una amiga a la que contacté. Y, ¡desde la primera lectura se reveló perfectamente… falsa! (risas) O sea, exactamente lo que buscaba. Porque conozco perfectamente el personaje que encarna: esta mujer ha existido en mi vida. Nunca he olvidado la mirada traviesa, la dulzura y la determinación que encontré en Tassadit. De hecho, con La Comunidad de los Corazones Rotos, es la primera vez que trabajo con un grupo gente tan grande, que no conozco, y con personalidades tan fuertes. Y me dejé llevar al filmar sus personalidades sin buscar ponerlos a la fuerza dentro de mi universo.

LA PELICULA TIENE UN AMBIENTE A KAURISMAKI, EN ESA MEZCLA DE HUMOR Y POESÍA…

S.B.: Si, pero es un cineasta al que no conozco del todo bien. Y esa proximidad me parece ligada sobre todo al hecho de que mi película se sitúe en una especie de tierra de nadie. Quería que la acción se situara en un barrio abandonado porque sabía que no habría podido rodar como lo deseaba en una comunidad habitada por gente. Encontramos ésta en Alsacia, la región que ha participado en la financiación de la película. Pero ese barrio podía haber sido también de Marsella y la película habría tenido en ese caso otro color diferente: un universo cercano a Robert Guédiguian. Comento todo esto para decir que no tengo referencia precisa en mente para la Comunidad de los Corazones Rotos. Sólo la idea de una palidez en la pantalla.

SE PERCIBE TAMBIÉN OTRA DIFERENCIA ENTRE LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS Y SUS ANTERIORES PELÍCULAS: LAS PALABRAS SE BORRAN Y DEJAN MÁS ESPACIO AL SILENCIO…

S.B.: Efectivamente es mi película menos locuaz. Tenía ganas de mostrar ese lazo invisible entre la gente, hecho de silencios y miradas. Mis personajes son solitarios y en un principio no tienen ninguna razón para hablar a los demás. Y así son Sternkowitz desde la muerte de su madre, Madame Hamida desde que su hijo está en la cárcel o Jules, pues su madre está siempre ausente. Igual para aquellos personajes que el azar va a poner en su camino: esa enfermera de la que se percibe el malestar, un cosmonauta desconectado del mundo desde hace semanas y una actriz en plena depresión. Y la cámara tiene el papel del narrador principal del cuento y va alternando entre la discreción y el sarcasmo. Hay muy pocas réplicas en los diálogos de la Comunidad de los Corazones Rotos. Sin duda porque con la experiencia, consigo expresar lo que quiero con menos palabras.

¿CÓMO HA TRABAJADO CON SU DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA PIERRE AIM?

S.B.: Había preparado esta película con otro operador jefe que, por el cambio de las fechas de rodaje, tuvo que renunciar. Como estaba terminando otra película, Pierre no pudo venir hasta dos semanas antes de la primera toma. Y decidí no mostrarle ninguna referencia. Primero, porque se trata de nuestra cuarta película juntos y porque nos conocemos muy bien. Pero también porque tenía una idea muy simple y muy precisa de lo que quería. Como iba a rodar en pequeños escenarios, me importaba por ejemplo el formato 1:33 porque habría sido imposible utilizar el scoope en unos espacios tan reducidos. De hecho, estas limitaciones fueron una constante fuente de inspiración en el rodaje.

ESTE JUEGO CON LAS LIMITACIONES COBRA TODO SU SENTIDO EN LAS ESCENAS DONDE SE VE AL COSMONAUTA EN SU NAVE. ¿COMO HA CONSEGUIDO CREAR CON TANTO REALISMO CON TAN POCO PRESUPUESTO?

S.B.: He preparado esas escenas calmadamente. En contacto con un astronauta y después trabajando intensamente con Alain Carsoux, quién se ha ocupado siempre de los efectos especiales de mis películas. Tenía una obsesión: en ningún caso, esas escenas debían parecer pobres en la pantalla. Hace falta una forma muy seria y realista para que el fondo se vea en segundo plano.

ESE ENCUENTRO INESPERADO ENTRE UN COSMONAUTA AMERICANO Y UNA MUJER DE ORIGEN ÁRABE LE PERMITE TAMBIÉN HABLAR DE POLITICA…

S.B.: El deseo de hablar de un barrio de la periferia de una forma diferente fue el motor esencial en mi deseo de hacer esta película. Porque cuando se evoca el extrarradio, las mismas palabras vuelven siempre a la boca: castigo, religión, enfrentamiento… Y no se habla nunca de amor. Sin embargo, me parece bastante evidente que la falta de amor es la causa de los males en esos lugares.

NO SE PUEDE SITUAR LA ÉPOCA PRECISA EN LA QUE SE DESARROLLA LA ACCIÓN DE LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS. ¿POR QUÉ ESA ELECCIÓN?

S.B.: La acción puede desarrollarse durante nuestros días o en los años 80, periodo en el cual se situaban las “Crónicas del asfalto”. Una televisión obsoleta, el poster de “La Jungla de Cristal” o un walkman amarillo se codean con los DVD de películas de hoy. Y esa mezcla está hecha a propósito. Cuando vuelvo hoy a un barrio donde he crecido en los años 80, no me siento desplazado, porque el extrarradio se quedó marcado por ese decenio. Esos que son los símbolos hoy como Jamel u Omar Sy son tipos de los años 80. Pues la Comunidad de los Corazones Rotos posee lógicamente esa pátina de los “eighties”.

LO HA DICHO ANTES. LE HA CONFIADO LA MÚSICA DE SU PELICULA A SU AMIGO RAPHAEL. ¿CÓMO FUE ESA COLABORACIÓN?

S.B.: Raphael se entusiasmó tanto cuando leyó el guión que le inspiró una quincena de piezas diferentes. Y elegí la que se puede oír en la película. De hecho, durante el rodaje, escuchaba en bucle el “Claro de luna” de Beethoven al punto de valorar integrarlo en la película hasta que me recordaron que se trataba de la música utilizada en “Elephant”. Y entre el formato 1:33 y Michael Pitt, los guiños a Gus Van Sant habrían sido demasiado forzados. Pero esa música me ha ayudado a precisar lo que buscaba para La Comunidad de los Corazones Rotos: una melodía muy sutil. Raphael partió de ahí y hemos sido muy meticulosos en el plano sintético de las cuerdas y del piano sobre la pieza que elegí. Eric Heumann, el distribuidor de la película, me repetía a menudo una pequeña frase: “no olvides la pequeña música”. Y quería precisamente que en La Comunidad de los corazones rotos dominara una música discreta y no omnipresente.

¿LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS HA EVOLUCIONADO MUCHO DURANTE EL MONTAJE?

S.B.: No. El verdadero peligro, aquí, era irse a un extremo. He rodado numerosos planos de Gustave pensando en su cocina, de Isabelle sentada, tirada en su canapé, de Jules probándose abrigos de su madre, de Michael entrando en la habitación de Madame Hamida, etc. Pero los corté todos porque tenía siempre en la cabeza que había que ser informativo y no repetitivo o explicativo. Una vez que se ha captado a cada personaje, es inútil seguir insistiendo.

Sobre Alfred

Diseño Gráfico y Producción Editorial, amante del cine y de sus BSO, además de los videojuegos, fiel servidor al Orden Jedi y en mis ratos libres escribo sobre este maravilloso mundo, el séptimo arte. alfmarfez@newcinema.es

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