Crítica de American Assassin de Michael Cuesta

El género de espías nos ha demostrado en los últimos años que suele ofrecernos de vez en cuando títulos memorables e interesantes como la saga de intriga política de Jack Ryan hasta las trepidantes aventuras de Jason Bourne o incluso la sofisticación de James Bond e incluso otros que nos han demostrado una creciente disposición a experimentar y probar cosas nuevas. Y nos referimos a la cinta de Atómica con Charlize Theron en plenos años ochenta, y es de agradecer encontrar esta gran variedad de cintas relacionadas, ahora ha llegado el turno de American Assassin de Michael Cuesta el la que se traslada la vida de un espía literario al cine y aunque la película consigue impresionar en cuanto a nivel técnico y de rendimiento, su historia no consigue engancharte como se espera y te hace divagar entre actos.

Así pues American Assassin se basa en la novela de Vince Flynn, en la que narra la historia de Mitch Rapp (Dylan O’Brien) que se encuentra en un momento de ensueño que rápidamente se convierte en una pesadilla justo cuando se encuentra de vacaciones con su novia y su futura prometida en un paraíso, cuando esta aventura se ve interrumpida por un tiroteo realizado por un grupo de terroristas fanáticos. 18 meses después, encontramos a Mitch como una persona obsesionada: se ha convertido en una persona que quiere vengarse de quienes le arrebataron a su amor. Hasta que un día llama la atención de la CIA, en especial de la agente Irene Kennedy (Sanaa Lathan), quien lo recluta y lo pone bajo la tutela del legendario agente Stan Hurley (Michael Keaton). Rapp se convierte en un valioso activo para la agencia y se convierte en todo un prodigio para Hurley, que deberá de enfrentarse a una prueba final cuando Rapp y Hurley se enfrentarán a Fantasma (Taylor Kitsch), uno de los antiguos agentes de Hurley convertido en un mercenario sin escrúpulos.

Sin duda alguna esta historia ahonda en lo más profundo de la mente de un hombre destrozado que encuentra la forma de enfrentarse a la violencia a través de la propia violencia como hemos visto en El caso Bourne o en El castigador. American Assassin nos presenta un problema principal con la evolución de su personaje principal, Mitch Rapp, ya que apenas se toma un tiempo para cuestionarse sus propias acciones. El actor que lo interpreta, Dylan O’Brien nos muestra así que no tiene mucho que desarrollar con su personaje (tanto en las secuencias de acción, como en los momentos más tranquilos y más dramáticos), y mucho menos en términos de la violencia que rodea finalmente a Rapp. Debido a esta falta de concentración en el personaje encontramos a Rapp una persona poco trabajada y desarrollada de forma muy áspera.

Tal vez es que directamente la película no se plantee ninguna de esas cuestiones morales o ideas relacionadas, ya que Stan Hurley, en un momento de la película habla sobre la delgada línea entre matar por tu país y hacerlo por diversión. Sin sumergirse nunca realmente en esa idea de una manera significativa, Rapp simplemente es correcto la mayor parte del tiempo, y la película nunca se detiene para cuestionarle a quién se ha entregado. Claramente se supone que hay una yuxtaposición entre Rapp y Fantasma a medida que la historia avanza hacia un claro enfrentamiento, pero American Assassin se niega a realizar las cuestiones difíciles sobre la ironía de que el entrenamiento antiterrorista de Rapp lo lleve a combatir contra otro estadounidense, en lugar de combatir contra extremistas de Oriente Medio para lo cual se ha preparado.

En ese sentido, la película carece de sentido desde el primer acto , durante la cual se nos presenta a un personaje que está empeñado en buscar venganza pero esa idea se desvanece cuando en lugar de ofrecernos una historia con intereses personales reales en los que el público puede conectar, nos quedamos con otra historia simple entre los buenos que quieren evitar que los malos cumplan su objetivo, y con una serie de tramas secundarias que se cruzan a la trama directa.

Afortunadamente, American Assassin consigue compensar esa carencia argumental gracias a su nivel técnico, ya que sus secuencias de acción son suaves, complejas e intensas, y está claro que Dylan O’Brien se compromete con cada escena de acción, como ya hemos visto anteriormente en El Corredor del laberinto. Además American Assassin consigue mantener sus planos de forma más extendida y no hay tanto corto entre tomas, alargando la acción sin cortes y nos ofrece una serie de tomas sorprendentemente largas, como podemos ver particularmente en el desgarrador ataque inicial de forma muy plausible, en la que se puede apreciar lo ágil que es su actor principal.

Más allá de eso, también podemos apreciar que la combinación y trabajo entre Dylan O’Brien y Michael Keaton son una buena mezcla: equilibrándose y conectando cuando American Assassin se lo permite. Ya que no ofrecen la química tradicional entre dos personajes, pero tampoco es que la tengan, ya que Rapp y Hurley realmente no se quieren tanto. Y la cinta funciona mejor cuando estos están juntos en una habitación y se olvidan de todo lo demás, pero no llega a ocurrir eso, ya que la trama viaja constantemente por todo el mundo y rara vez les permite conocerse mejor.

Sobre el Autor

Alfi

Diseñador e ilustrador, amante del séptimo arte, devorador de Bandas sonoras y de videojuegos, y un fiel servidor al Orden Jedi.

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