Entrevista al director Philippe de Chauveron: Dios mío, ¿Pero qué te hemos hecho …ahora?

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Después del éxito conseguido con 7 millones de espectadores, sólo en los cines de Francia. Esta esperada secuela de la comedia Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014), se convirtió así en uno de los mayores éxitos comerciales del cine francés en la última década, y en España fue vista en los cines por más de 1,3 millones de espectadores. Y  ahora cinco años después de su estreno el director galo, Philippe de Chauveron regresa a las salas el próximo 19 de Diciembre a manos de nuevo de A Contracorriente Films.

Y para esta ocasión el director cuenta con un guión escrito por Guy Laurent, y el propio Philippe de Chauveron, en la que regresan sus protagonistas: Christian Clavier, Chantal Lauby, Ary Abittan, Medi Sadoun, Frédéric Chau, Noom Diawara, Frédérique Bel, Julia Piaton, Émilie Caen, Élodie Fontan

ENTREVISTA CON PHILIPPE DE CHAUVERON, DIRECTOR

¿Cómo vivió el inmenso éxito de Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

Fue una sorpresa absoluta. Percibía holgadamente que el argumento agradaba, ya había signos positivos pero no me esperaba un éxito de tal magnitud y me extrañaba que funcionara tan bien en el extranjero. Las comedias francesas no siempre se exportan bien, y ésta dio la vuelta al mundo: la prueba de que el humor, cuando descansa sobre temas universales, puede funcionar en todas partes.

¿Cómo se presentó la idea de que las parejas jóvenes se vieran tentadas de irse al extranjero?

Con el fin de recuperar la estructura de la primera entrega, en la que las cuatro hijas se casaban simultáneamente con extranjeros, me pareció interesante hacer vivir a las cuatro parejas una aventura común. Estábamos entonces en plena campaña presidencial y percibía en torno a mí el miedo a los extremos. Oía a gente decir que se irían de Francia si uno de esos partidos alcanzaba la victoria, y constataba que muchos ciudadanos procedentes de minorías se quejaban de la discriminación de que eran objeto.

Cuando se estrenó el primer film, usted dijo no haber querido hacer una película con mensaje, pero muchos sí lo vieron. Ello ¿le plació, le sorprendió, o por el contrario le molestó?

La gente tiende a ver todo tipo de mensajes en un film, pero mi único objetivo, cuando escribo, es hacer que el espectador se tronche de risa. Me encanta ironizar acerca de todos los temas posibles, no quiero que me recupere nadie. De haber un mensaje, éste sería: vivimos todos en el mismo país, ¡razón de más para que procuremos que todo vaya bien y que todos podamos ser felices!

En la escritura del guión, se inspiró nuevamente en su entorno o en los héroes de la película?

Aunque siempre halle inspiración en cuanto veo, leo, o pase en el mundo, el film original fue nuestra primera fuente. Mi meta estaba en enfrentar a los personajes a problemáticas nuevas. Consciente de que mis actores iban a mostrarse divertidos e inventivos, escribí pensando en el modo en que podrían actuar y hablar. Y dado que la mayoría de ellos son muy creativos, asimismo guionistas de películas o de espectáculos, siempre les pedía su opinión acerca de cada versión del guión que les hacía leer. En ese momento, aportaban ideas sobre situaciones o diálogos.

Hacerles amar Francia, ¿era ése un placer personal?

Durante toda la escritura, no podía quitarme de la cabeza la frase de Sylvain Tesson, que Chantal Lauby cita en la película: «Francia es un paraíso poblado de gente que se cree en el infierno». Efectivamente, tenemos la suerte de vivir en un país moderado y estable, y muchos de nuestros conciudadanos, provenientes de todos los orígenes, reconocen que no estamos tan mal.

¿Puede decirse que sobre todo la película es una oda a la provincia?

Situar la residencia de los Verneuil en Turena es un modo de rendir homenaje a su provincia, pero en ello también hay cierta ironía puesto que no hacemos sino desplazar el problema de Paris a la provincia; una vez más, se piensa que en otra parte están mejor.

Esta continuación marca el gran retorno de Pascal Nzonziç, quien encarna al suegro de Costa de Marfil. Dado el éxito que tuvo en el primer film, ¿se hacía lógico volver a darle un lugar destacado en la historia?

Sí, pues la familia Kof ha dejado huella en el público, que se habría sentido frustrado de no verlos de nuevo. Por otra parte, siempre resulta regocijante contraponer a Pascal Nzonzi con Christian Clavier. El enfrentamiento entre los dos suegros es una fuente de comedia rica pues, en el fondo, este marfileño y este turenés se asemejan mucho.

No hay todavía ningún maniqueísmo. ¿Estuvo pendiente de la dosificación?

Lo que hace reír en una comedia está en los defectos de los personajes. Así pues, pretendo “exagerarlos” un tanto. Los actores deben interpretar, pese a todo, a gente simpática y adorable. El encanto que desprenden permite transmitirlo todo. En las proyecciones del primer film, notamos que los espectadores esperaban precisamente las pullas que les concernían: los argelinos que ríen los chistes sobre argelinos, los chinos que ríen los chistes sobre chinos, etc… Todo el mundo quiere que se le represente.

¿Cómo se sabe hasta dónde llevar el listón?

Siempre es muy misteriosa la dosificación correcta de humor. El primer indicador está en lo que le hace reír a uno y en lo que hace reír al coautor. Tras tener la idea de partida, llamé a Guy Laurent, mi coguionista, para que me ayudara a escribir el guión de esta continuación, y dado que ambos participamos del mismo humor esto siempre funciona bien. Pero también en el rodaje, cuando los actores actúan, nos percatamos mucho de qué funciona y qué no.

¿Cómo fue el reencuentro con los actores?

No se puede hablar propiamente de reencuentro, pues no los había perdido de vista. Al final, lo más difícil fue lidiar en el plató con estos actores, pues la comedia requiere saber estar concentrado.

ENTREVISTA CON GUY LAURENT, GUIONISTA

¿Qué entusiasma a un guionista a la hora de escribir una continuación?

Reencontrarse con los personajes es un gran placer, y el hecho de no tener que partir de cero es muy agradable. Tener que decidir todo, desde el nombre del perro al oficio del tercer papel puede ser muy fastidioso. Aquí, todo estaba en su sitio: sólo había que dar con un nuevo motivo para hacer que nuestros personajes actuaran y comunicaran en su decorado. Si ya los conocíamos bien al escribir la primera película, en esta ocasión les controlamos plenamente porque hemos podido evaluar qué es lo que mejor les funciona.

Antes de ponerse a escribir, ¿ya tenía ideas en mente?

No, esperaba a que se lanzara la maquinaria y fue Philippe de Chauveron quien la activó con la idea de partida. Se limitó a decirme: «Ya sabes, los yernos quieren irse de Francia». De inmediato, percibí una ironía interesante en relación al primer film. Ahora el trabajo consistía en desarrollar la idea lo suficientemente bien para generar una historia. Pero con Philippe hay fluidez, y estamos completamente de acuerdo sobre la forma y el tono.

Para desarrollar bien una historia, ¿es preciso saber cuál va a ser el final desde el principio?

Cada uno tiene su método. Tanto Philippe como yo somos muy intuitivos y tenemos pocas teorías. Cuando nos lanzamos a escribir, se asumen riesgos y el final acaba por imponérsenos. La evidencia, en ésta comedia, estaba en que acaba bien. A partir del momento en que los yernos quieren irse, ya sabemos que van a quedarse en Francia. Así pues, el conflicto estaba en saber cómo convencerlos.

¿Fue esta idea de partida una ocasión de cantar las excelencias de Francia?

De ello nos dimos cuenta a posteriori. Nuestro objetivo estaba en dar con situaciones que nos hicieran reír, nos poníamos en la piel de los personajes; y al final, son ellos, cada uno con sus deseos, los que nos han conducido a esta idea.

¿Nunca ha tenido la idea de realizar una película con mensaje?

Mecido por la comedia italiana, he desarrollado una inclinación por los temas de sociedad con ganas de reírme de ella pero con indulgencia. El único mensaje sería tomar distancia de las cosas.

¿Le preocupaba lograr cierto equilibrio entre los distintos personajes?

Otra vez debo decir que funcionamos intuitivamente. En la relectura de las distintas versiones del guión, buscamos restablecer el equilibrio entre los personajes y probamos las burlas. Así, hemos podido suprimir diálogos que nos hacían reír mucho pero que eran redundantes y que reincidían demasiado en los mismos temas. Nos ha pasado que nos hemos censurado cuando hemos tenido la sensación de ir demasiado lejos, pero aún quedan réplicas un tanto osadas que hemos querido intentar. A partir del momento en que los personajes son arquetipos, caricaturas, se les puede hacer decir cosas a veces tremendas. Pero lo que es importante, cuando se quiere hacer comedias populares, es llegar al máximo número posible de espectadores.

¿Y cómo se hace para llegar a un público que vaya de los siete a los setenta y siete años?

No es una cuestión que se plantee a la hora de escribir, ello inhibiría demasiado, pero en la relectura intentamos comprobar si las pullas resultan demasiado divisorias. El mejor modo de calibrar lo divertido de las réplicas está en saber si de entrada nos provoca, a Philippe y a mí mismo, un estallido de risa. Hay chistes para todas las clases de público.

En el guión, ¿se puede identificar partes en que se deje espacio para la improvisación de los actores?

Cuando escribimos, nosotros mismos improvisamos en cada escena pero, al final, el guión resulta bastante preciso. Los actores tienen sus indicaciones, pero dado que conocen bien a su personaje, en el plató son capaces de plantear propuestas. Podemos encajarlas cuando el lenguaje con el que se expresan no es el del personaje, pero si funcionan las incluimos gustosamente. El objetivo está en no perder el hilo de la historia y en estar atento para mantener el famoso equilibrio.

Sobre el Autor

Alfi

Diseño Gráfico y Producción Editorial, amante del cine y de sus BSO, además de los videojuegos, fiel servidor al Orden Jedi y en mis ratos libres escribo sobre este maravilloso mundo, el séptimo arte. alfmarfez@newcinema.es

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