Notas de “Quien Hierro Mata” lo nuevo de Paco Plaza

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¿De que va lo nuevo de Paco Plaza?

En un pacífico pueblo de la costa gallega vive Mario, un hombre modélico. Trabaja en una residencia como enfermero y todos le aprecian. Entonces entra en su vida el conocido narco Antonio Padín que ingresa en el centro, y es Mario tratará de que el anciano se sienta como en casa.

Ahora, los hijos de Padín -Kike y Toño- son los encargados del negocio familiar, pero una fallida operación de contrabando llevará a Kike a la cárcel y les proporcionará una peligrosa y cuantiosa deuda con un proveedor colombiano. Así que Toño recurrirá al enfermero para que persuada al padre de que este la salde … pero Mario tiene sus propios planes.

Quien a hierro mata es un thriller con una fuerte carga dramática, que aborda temas como la traición, las relaciones familiares, las consecuencias del mundo de las drogas o la violencia: explora el lado más oscuro del ser humano y ejemplifica a la perfección el ojo por ojo, diente por diente, pues es la crónica -tensa y terrible- de una venganza”, afirma Emma Lustres, de Vaca Films, compañía productora de la nueva película de Paco Plaza: “Resulta vital resaltar la importancia del contexto: la zona de Arousa, foco principal del narcotráfico en Galicia. Partimos, de este modo, de una historia local, casi de un micro universo, para conseguir atrapar al público de cualquier latitud con una historia universal, narrada de un modo muy personal, vibrante y, a la vez, realista”.

Por su parte, Mercedes Gamero, de Atresmedia Cine, asegura que “Quien a hierro mata aporta una nueva, original y personal mirada dentro del exitoso camino del thriller en la cinematografía española moderna, que esperamos siga triunfando no solo en nuestro mercado doméstico, sino también en el internacional. Para nuestra compañía, esta película culmina felizmente un largo trayecto en el intento de trabajar con Paco Plaza. La espera ha merecido mucho la pena”.

El director de la película, Paco Plaza -responsable de éxitos como Verónica y de tres entregas de la saga terrorífica [•REC]- afirma que “Esta es la primera vez que ruedo un largometraje sin haber intervenido en el proceso de escritura. Y la razón estaba clara: cuando llegué al final de la lectura del guion, sentí que no podía permitirme no filmar esta película. Rara vez cae en tus manos un argumento tan brutal como el escrito por Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría, que combine la estructura de un thriller trepidante con una profundidad moral de semejante calado, donde los personajes nos empujan a mirarnos a los ojos para escarbar en nuestro interior y hacernos preguntas: nuestras decisiones… ¿nos construyen como personas o nos revelan quiénes somos en realidad? Los actos tienen consecuencias, pero ¿hasta dónde estamos dispuestos a asumirlas? Por muy justificado que creas que está el motivo de tus acciones, estas pueden desencadenar algo que desborda el objetivo de la acción inicial: tomando el camino correcto puedes llegar a una solución equivocada, y al revés. Hay que tener mucho cuidado con lo que uno desea, porque se puede volver en contra”.

Me gusta mucho el espíritu de tragedia griega que posee la película”, continúa Plaza, “al intentar manipular lo que tiene que pasar, se abre una caja de Pandora. Tiene algo de Sófocles (Edipo rey) y de Shakespeare (El rey Lear), porque las relaciones familiares son aquí también fundamentales. La película muestra en su trama una venganza, pero retrata asimismo el universo de la familia y de las raíces de nuestros actos. Por ejemplo, los antagonistas del protagonista, en realidad, son niños grandes deficitarios de amor, a quienes su padre ha despreciado siempre y eso les ha empujado a ser de una determinada manera, a intentar parecerse a un modelo equivocado: ser lo que no eres o convertirte en algo concreto, sólo por cumplir la expectativa de tus padres o de la sociedad, puede traerte consecuencias nefastas. Hay también en Quien a hierro mata una especie de fatum trágico lorquiano como en Bodas de sangre o Yerma, con el destino cruel aplastando a los personajes”.

Y aclara Plaza: “En realidad nadie es bueno o malo absolutamente en la película: todos tenemos dos caras y por muy honrados que seamos, en diferentes situaciones, nuestras acciones no tienen por qué corresponderse con nuestra bondad. A veces, una persona despreciable puede tener un gesto de nobleza, y una persona muy noble puede hacer cosas terribles. Todos llevamos un ángel y un demonio dentro: la película habla de esa dualidad. Las peores personas pueden ser capaces de llevar a cabo algo noble, y las mejores personas, de hacer algo terrible. Y el narcotráfico sirve de telón de fondo en esta historia, pero la película habla principalmente de las personas implicadas, no del negocio de la droga propiamente”.

Yo estuve hace dos veranos en la zona donde transcurre el film, en Rías Baixas, y contactamos tanto con guardias civiles que se dedican a hacer operaciones antidroga como con gente del gremio, pero no quise caer en clichés: deseaba ver cómo es realmente ese universo y así ha quedado en la película. Me apetecía huir de cualquier tipo de idealización de los narcotraficantes, porque es gente normal que tiene un negocio de mensajería, pero lo que transporta, en vez de lavadoras o muebles, es cocaína. Me gustaba que todo fuera real y la Galicia que se ve es así realmente. Quería quitarle toda la épica al asunto del narco, que hablase de personas reales y normales, como podemos ser todos”, confiesa el director.

El sonido es el 50% de la película y en este caso, como en [REC]3 Génesis y Verónica, he podido trabajar con Gabriel Gutiérrez, que es un artista y entiende que al público la imagen le entra por los ojos, pero el sonido le entra por detrás del cerebro”, asegura Plaza. El sonido cuenta cosas de una manera mucho más sutil, haciendo inserción en la mente del espectador: su capacidad evocadora es alucinante. En Quien a hierro mata he intentado que el sonido sea el ruido interior del personaje protagonista: lo que está sonando no es lo que estás viendo, sino la percepción que tiene Mario. Y la frontera entre el sonido y la música en la película es muy difusa: hay momentos en los cuales hemos utilizado la música de una manera poco convencional, con instrumentos arcaicos, como la zanfoña”.

Respecto al trabajo de cámara, hablaba siempre con Pablo Rosso -director de fotografía con quien llevo veinte años trabajando- de que el objetivo no se moviese siguiendo la acción del personaje, sino siguiendo su emoción: eso es habitual en el cine oriental, sobre todo en el coreano. Me gustaba experimentar en ese sentido: que la cámara expresase más emoción que acción. También,” -continúa Plaza- “con Rosso hablé de que quería marcar mucho la luz y la oscuridad: que Mario estuviera siempre entre dos mundos y subrayásemos cuál de las facetas de su personalidad está presente en cada momento. Le pedí que iluminásemos solo con una fuente de luz cada escena: con una luz ultra sencilla. Así, siempre había una zona de sombra, sin relleno. Son aspectos que el espectador no percibe de forma consciente, pero inconscientemente sí y cuando haces la película te sirve de brújula para eliminar la arbitrariedad, porque dirigir es reducirla al mínimo: debes tomar decisiones y que no haya nada gratuito”.

Y cuando ruedas en un lugar, tienes que abrazarlo, así que abrazamos la crudeza que nos daba Galicia. Nuestra apuesta estética no fue neutralizar esa crudeza, sino asumir dónde estábamos y sacarle el máximo partido. Hacer una película consiste en abrir los brazos y dejar que lo que haya te impregne y no luchar a la contra de lo que tienes: es asumir lo que tienes para potenciarlo. Nuestra idea era intentar hacer una aproximación casi documental, que la sensación de realismo y verosimilitud fuera constante”, recalca Plaza.

Creo que la banda sonora de Quien a hierro mata es especial”, comenta el cineasta. “Y elegir a alguien sin experiencia es muy gratificante, porque su aproximación no es la habitual: Maika Maikovski ha compuesto para el film unos temas que expresan las emociones de los personajes. Ella, aparte de su faceta como cantante, había trabajado antes en teatro, con Calixto Bieito y Juan Echanove, a partir de un texto de Poe. Un día, localizando en Galicia para la película, iba yo escuchando en el coche su disco Body y pensé “¡Ese piano!”, pues lo toca de manera muy estimulante, con una intensidad y una emoción que me cautivaron: todos los pianos de la banda sonora son de ella, porque es una salvaje tocando. Es asimismo muy expresiva y creo que ha hecho un trabajo de composición bu

Sobre el Autor


Diseño Gráfico y Producción Editorial, amante del cine y de sus BSO, además de los videojuegos, fiel servidor al Orden Jedi y en mis ratos libres escribo sobre este maravilloso mundo, el séptimo arte. alfmarfez@newcinema.es