Reportaje de la adaptación de EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO

Del director Cédric Jimenez (Conexión Marsella), llega EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO, una historia sobre una de las figuras más peligrosas del régimen nazi, y sobre los hombres y mujeres valientes de la Resistencia que intentaron acabar con él.

El meteórico ascenso de Reinhard Heydrich al convertirse en una de las principales figuras del régimen nazi fue tan feroz e implacable como los horrores que infligió a la gente de Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Heydrich, que entró en contacto con la ideología nazi a través de su mujer, Lina, una miembro de aristocracia que lo acompañó en su recorrido hacia el poder, fue el principal arquitecto de la Solución Final y una fuerza imparable.

Sin embargo, un pequeño grupo de luchadores de la Resistencia checa, entrenados por Gran Bretaña y comandados por el gobierno checoslovaco en el exilio, intentaron parar lo imparable. En una arriesgada operación, estos paracaidistas, dirigidos por Jan Kubis y Jozef Gabcik, atentaron contra Heydrich cuando viajaba por las calles de Praga, causandoles heridas mortales. De este modo, Reinhard Heydrich acabó siendo el oficial nazi de más alto rango asesinado durante la Segunda Guerra Mundial.

EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO es una película de Cédric Jimenez. Jason Clarke interpreta a Reinhard Heydrich, con Rosamund Pike en el papel de su esposa, Lina. Jack O´Conneell da vida a Jan Kubis y Jack Reynor interpreta a Jožef Gabcik, Mia Wasikowska completa el reparto principal en el papel de Anna, una joven miembro de la Resistencia que acoge a Jan y se enamora de él. El guion está firmado por Audrey Diwan y David Farr a partir de la novela HHhH de Laurent Binet (editada en España por Seix Barral), y la producción es de Daniel Crown y Alain Goldman. Forman parte del equipo creativo de Jimenez el director de fotografía Laurent Tangy (Conexión Marsella), el diseñador de vestuario Olivier Beriot (Taken), el montador Chris Dickens (Slumdog Millionaire) y el compositor Guillaume Roussel (3 días para matar).

Declaraciones del director

EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO es una adaptación de la novela de Laurent Binet HHhH, que ganó el premio Goncourt a la primera novela en 2012 y ha sido acogida con gran entusiasmo en los 25 países en los que se ha traducido.

Al igual que la novela, la película rememora la caza de Reinhard Heydrich, arquitecto de la Solución Final y único oficial nazi de alto rango asesinado durante la Segunda Guerra Mundial, un hecho que ha pasado a la historia como la primera brecha de poder que condujo a la caída del Tercer Reich.

La naturaleza de esta historia se asienta sobre la misma idea de «resistencia» y sobre la valentía que demostraron estos jóvenes checoslovacos al embarcarse en una misión imposible. Jan y Josef, nuestros héroes en esta epopeya, eran bastante conscientes de los riesgos que corrían y sabían que posiblemente tendrían que sacrificar su vida. No obstante, se comprometieron con la causa, sabiendo que aquel acto de valentía era necesario para hacer historia. Pusieron el interés general por encima del suyo, sin abandonar nunca sus ideales.

Los momentos cumbre de la historia nacen de personajes extremos, tanto buenos como malvados. Josef y Jan son dos jóvenes y entusiastas patriotas que se niegan a aceptar la barbarie. Su amistad forma el pilar de esta historia. Lucha uno junto al otro contra todo pronóstico. Durante su misión, su camino se cruza con el de dos mujeres con las que vivirán, por última vez, la intensa pasión del amor. Esta misma pasión que une a Jan y a Anna es un ejemplo de la fuerza vital que caracteriza a la juventud. Los dos son bellos y rebeldes. Se aman, pero al mismo tiempo están dispuestos a perderlo todo en nombre de una causa común.

En el otro lado de esta historia está la poderosa y alarmante figura de Heydrich. El constructo de esta historia separa estos dos puntos de vista, permitiéndonos primero seguir el ascenso de Heydrich, un antiguo oficial militar que se unió al partido nazi y acabó convirtiéndose en el peor de ellos. A su lado estaba su esposa Lina, que es una figura caída de la aristocracia alemana en busca de venganza y que constituye la razón de su ascenso. A medida que la tremenda sombra de Heydrich crece y toma forma, el peligro recae con más peso sobre la Resistencia. Eso también refuerza la sensación de importancia y urgencia de esta misión: alguien que tiene que entregarse completamente a la causa de detener al «Carnicero de Praga».

La estructura única del guion permite al espectador penetrar profundamente en la trayectoria de estos tres personajes principales. También añade originalidad y modernidad, jugando con las expectativas del género histórico y ofreciendo una visión caleidoscópica de este momento decisivo.

La puesta en escena es orgánica y cercana a los personajes, que son los motores emocionales de la historia. Mi deseo era que el espectador se sumergiera en la historia de una forma completa y apasionada, que sintiera la misma urgencia y la misma convicción que aquellos hombres y mujeres estaban experimentando entonces. La película está rodada en 35 mm para aportar aún más vida a la imagen y caracterizar mejor la época en la que se desarrolla la historia.

EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO es una auténtica película europea. Los actores son ingleses, irlandeses, franceses y húngaros, al igual que el equipo técnico. Cada uno aporta una experiencia específica y diversa, con la ambición de crear un tipo de película diferente.

— Cédric Jimenez

Acerca de la Producción

Mientras rodaba su anterior película, Conexión Marsella (La French), Cédric Jimenez leyó la novela de Laurent Binet HHhH, e inmediatamente se enamoró de ella. Se había publicado en 2010 en Francia y había ganado el premio Goncourt a la primera novela, un prestigioso galardón que se concede a los autores noveles. El título es un acrónimo de «Himmler´s Hirn heißt Heydrich » que se traduce como «el cerebro de Himmler se llama Heydrich», haciendo referencia a una broma sobre Heydrich que circulaba en Alemania por aquella época. Heydrich había sido el arquitecto de la Solución Final para librar a Europa de los judíos.

Jimenez leyó el libro por gusto, sin ninguna intención de llevarlo a la pantalla. Había sido un superventas, y acabó recibiendo el premio New York Times al «Libro más notable del año», por lo que el director dio por hecho que los derechos habrían sido adquiridos hacía tiempo.

Y no se equivocaba. Al menos no del todo, porque los derechos habían sido comprados por Alain Goldman, presidente de LEGENDE, que casualmente había sido el productor de su película Conexión Marsella. «Estábamos en Toronto, en el estreno de Conexión Marsella —recuerda Jimenez—, y Alain me dijo : “Tengo los derechos de ese libro, y ya tengo el guión. ¿Quieres leerlo ?”. Yo le dije que por supuesto, que leería el guión».

El borrador lo había escrito David Farr, conocido por su trabajo en Hanna y El infiltrado (The Night Manager), y Jimenez reaccionó de inmediato: preguntó a Goldman si podía escribir un nuevo borrador junto a Audrey Diwan, con quien había coescrito Conexión Marsella.

«Lo que me gustó de la historia fue la trascendencia histórica del ascenso de un alto oficial nazi y lo que significa en este siglo —dice Jimenez—. ¿Cómo pudo suceder eso? ¿Cómo algo tan loco y desproporcionado pudo suceder? ¿Cómo pudo la gente equivocarse tanto con su ideología y sus creencias? Pensamos en la Segunda Guerra Mundial como una pesadilla, pero fue una pesadilla auténtica. Y todo el mundo quiere responder a esas preguntas, pero nadie puede hacerlo».

La fuerza del libro reside en la división de la historia entre el ascenso de Heydrich y el telón de fondo del grupo de luchadores de la Resistencia checa que acabaron con él. «En el corazón de la historia está el tema del sacrificio que aquellos luchadores tuvieron que hacer —apunta Jimenez—. Creo que es un sacrificio impresionante, por lo difícil que resulta. Todo el mundo lo respeta, pero no todos pueden decirse a sí mismo “Vale, creo que mi vida es menos imporante que las vidas de los demás”».

«Estas dos caras de la historia son muy importantes para mí —prosigue Jimenez—, porque tratan sobre cómo se puede evolucionar de una forma muy positiva y de una forma muy negativa. Sobre cómo se puede cambiar el mundo. Los nazis querían cambiar el mundo a su propia imagen, mientras que la Resistencia quería cambiarlo para restaurar el orden».

La historia de Reinhard Heydrich ya se había contado antes, al igual que otras muchas historias sobre la Segunda Guerra Mundial, pero su nombre no resulta familiar a la mayoría de la gente. Jimenez cree que eso se debe a que lo mataron en 1942, mientras que otros como Hitler, Himmler y Goebbels sobrevivieron hasta el final de la guerra. Sin embargo, el asesinato de Heydrich marcó un punto de inflexión que permitió la desestabilización del régimen nazi. Hitler se refería a Heydrich como «el hombre del corazón de hierro», y para la retorcida mente del führer aquel era un mote cariñoso.

Heydrich, también conocido como «el Carnicero de Praga», fue responsable de algunas de las peores atrocidades cometidas por los nazis en Alemania, ya que fue una figura esencial en la organización de «la noche de los cristales rotos», una serie de ataques coordinados contra los judíos alemanes que presagió el Holocausto. Fue directamente responsable del Einsatzgruppen, una fuerza especial que viajaba por Europa tras los ejércitos alemanes y que asesinó a más de dos millones de personas.

La respuesta nazi al asesinato de Heydrich fue brutal: se decidió atacar los pueblos de Lídice y Ležaky a partir de unas sospechas poco fundadas de que escondían a algunas figuras clave de la Resistencia. Ambos pueblos quedaron completamente arrasados, y sus habitantes fueron asesinados o enviados a campos de concentración.

«Era el paradigma del nazismo —apunta Jason Clarke, el actor que interpreta a Heydrich—. Era el paradigma de lo que Hitler y sus acólitos querían conseguir. Él fue el cerebro de muchos de aquellos actos».

Heydrich se unió al partido nazi tras ser expulsado del ejército alemán en los días previos a la toma del poder por parte del partido. Pero Heydrich era un soldado de pies a cabeza, y expulsarlo del ejército fue, según Jimenez, el acto fundamental en la creación de un monstruo. «Lo echaron de algo a lo que pertenecía, y encontró en el movimiento nazi una válvula de escape para su rabia. No debería haber sido el monstruo en que se convirtió. Quizá, si hubiera seguido siendo un soldado, si no lo hubieran echado del ejército, nunca se habría convertido en lo que se convirtió. Podemos imaginarnos la cantidad de gente que no habría sido asesinada de no ser por él. Un pequeño acontecimiento en la vida de una persona puede cambiar el mundo».

Jimenez vio en Jason Clarke al único actor con la fuerza y la presencia necesarias para encarnar a Heydrich. «Cada vez que aparece en pantalla, muestra una personalidad muy fuerte y carismática —dice el director—. Puede inspirar miedo, pero también resultar encantador. Es muy intenso. Todo eso era muy importante para el papel de Heydrich».

Jimenez continúa diciendo: «Lo más importante era lo inteligente y lo instruido que tienes que ser para aceptar que estás interpretando a un hombre tan malvado. Yo no quería olvidar ni perdonar las atrocidades que Heydrich cometió. No buscaba humanizar a aquel hombre. Pero quería ir más allá de lo que sabemos sobre él, para intentar entenderlo».

Para interpretar a su personaje, Clarke consideraba importante descubrir los intereses de Heydrich aparte del nazismo, y cómo su poder y su aplomo lo ayudaban a ejercer el control. «Era un gran aficionado a la música clásica —apunta el actor—. Su padre era compositor y muy buen violinista. Era buen espadachín, y tenía una posición privilegiada dentro del movimiento nazi. Infundía mucho miedo a la gente, tanto soldados como oficiales del ejército o lugareños».

Fue una reunión con Clarke en Los Ángeles lo que convenció a Jimenez de que era el hombre perfecto para el papel. Clarke se identificó con el material inmediatamente. «Dijo que no quería redimirlo en absoluto, pero sí profundizar en cada una de las debilidades del personaje para hacerlo lo más complejo posible. No quería que olvidáramos que era un hombre. No era un villano de Marvel: fue un hombre que existió, con sus padres y sus hermanos, y un corazón humano, real, latiendo en su pecho. Podrías pasar a su lado mañana por la calle y ni siquiera enterarte».

«Para empezar, tienes que ver un personaje en tres dimensiones —explica Clarke sobre el reto de interpretar a un personaje que es algo más que un monstruo sobre el papel—. Reinhard Heydrich era un hombre razonable que cometió algunos de los actos más atroces de la historia. Sus actos debían de tener alguna motivación. Tenía que haber algún motivo para llevarlos a cabo».

Clarke se lanzó a investigar. «Jason es un currante —recuerda Jimenez—. Cuando llega al rodaje, se convierte en el personaje. Lo sabe todo sobre él, quiere ser extremadamente riguroso, y nunca va por el camino fácil. Comprendió el personaje muy bien, y esa comprensión, unida a su talento, ha resultado ser mucho más de lo que yo esperaba».

«Lo que me entusiasmó fue que llegas a ver todas las maquinaciones —prosigue el director—. Cómo este hombre se convirtió en lo que era. Por qué quería hacer lo que quería hacer. Llegas a meterte en el ambiente que permitió que aquello sucediera».

Clarke confiesa que preparar un personaje es una de sus partes favoritas del proceso. «Me encanta la investigación. Me encanta leerlo todo sobre un tema, tanto si eso se traduce en la forma en la que vas a interpretar el papel como si no. Llega un momento en el que tienes que soltarlo, como cuando estás en el set intentando crear una sensación de intimidación y de agresión constante. Yo no resultaba alguien muy agradable de tratar durante el rodaje. No porque fuera antipático, sino porque no podía cambiar el chip en el plató. Hay una delgada línea cuando estás en el set, entre entrar en ese estado e intentar guardarlo para ti mismo, y luego soltarlo. Yo era muy consciente de estar andando por ahí con un uniforme nazi».

Jimenez coincide con él: «No puedes estar en una situación así, con su uniforme puesto, sin que eso te afecte emocionalmente. Cuando Jason está en el set se pone a sí mismo en peligro: va a por todas. Y por supuesto eso le afectó. Es valiente aceptar un personaje así, porque aceptas ser alguien a quien odias. Es muy difícil para un actor ser alguien que todos van a odiar».

Clave para la historia que recupera EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO es la influencia que tenía sobre Heydrich su esposa, Lina. «Él no era muy antisemita —apunta Jimenez—. Él solo creía que Alemania debía volver a ser un gran país. Fue Lina quien le abrió el camino para convertirse en un monstruo. Ella creía en el partido nazi, y estudió Ciencias Políticas».

Jimenez eligió a Rosamund Pike para el papel de Lina. «Rosamund es una mujer impresionante y una actriz increíble —comenta Jimenez—. Cuando nos conocimos, lo único que me preguntó fue : “¿De verdad quieres hacer esta película? ¿Por qué?” Estuvo bien, porque normalmente soy yo quien hace las preguntas. Ella quería entender por qué era importante para mí hacer esta película así».

«Pregunto eso porque a veces, sorprendentemente, la gente no tiene una buena respuesta para esa pregunta —explica Pike—. Le pregunté con bastante insistencia por qué quería que esta fuera su primera película en lengua inglesa. ¿Porque es realmente la que más le apasiona, o porque es para la que está libre y lo han contratado? Pero me convenció completamente de que era una historia que tenía que contar. Y eso es, sinceramente, todo lo que quieres oír».

El interés de Pike por la película surgió de la fortaleza de carácter que encontró en el personaje de Lina «La gente había oído hablar del proyecto y me preguntaban : “¿Sabía ella lo que estaba pasando? ¿O era una mujer de su casa, que no entendía realmente lo que estaba pasando cuando su marido ascendió dentro del partido nazi ?”. Pero lo interesante para mí era que fue ella la que dirigió su ascenso. Reinhard Heydrich nunca habría llegado a ser quien fue sin Lina von Osten, sin su propia grandiosidad y su sed de poder».

Pike añade: «Es una persona que habría deseado ser poderosa ella misma, pero como mujer, en aquella época no era realmente posible. En cierto modo, tenías que vivirlo indirectamente a través de tu hombre. Creo que ella agarró a aquel hombre, y vio algo en él susceptible de ser manipulado. Lo cogió y lo convirtió, de algún modo, en su marioneta».

«Reinhard era el tipo de hombre que podía conseguir lo que se propusiera —opina Clarke—, y creo que Lina se dio cuenta de eso, de que tenía disciplina “Está claro que hay una conexión muy profunda, pero ¿hará este hombre lo que necesita hacerse ?” lees Mi lucha, ves el tipo de hombre que buscaba Hitler, y Reinhard era ese tipo de hombre. Lina, entonces, facilitó sus relaciones sociales dentro del partido nazi, hasta el punto de que él la sobrepasó y se convirtió en una destacada figura de dominación».

Jimenez señala que Pike y Clarke comparten respecto a su trabajo un estilo similar, enfocado en los detalles, lo que queda reflejado en la forma en que ambos personajes se conocen en la película: en la misma onda; en sintonía. «Al principio de la película, ella es quizá un poco más fuerte que él —comenta el director—. Pero luego son iguales, y al final Heydrich está por encima. Ella crea al monstruo. Y cuando creas a un monstruo, ese monstruo te morderá, porque es lo que los monstruos hacen. Ella consigue lo que quería, y en mi opinión Lina representa el error de las personas que vieron el sistema nazi como una solución».

Uno de los primeros materiales con los que Pike se encontró durante su preparación para el papel fue una entrevista a Lina, ya de anciana «Dijo : “Fue una época bonita” —comenta Pike sobre los recuerdos de Lina de la guerra—. El brillo del rostro de esta mujer, y su absoluta negación, resultaba desconcertante, pero también fascinante. Recuerdo que pensé: “De acuerdo, creo que ya sé qué tipo de persona eres”».

«Me encantó trabajar con Rosamund —dice Clarke—. Llevábamos tiempo queriendo colaborar. Es una persona que sabe lo que está haciendo, y es muy buena en su trabajo. La nuestra fue una relación muy fácil, y nos lo pasamos muy bien actuando juntos».

Pike también comprendía la importancia de encontrar la verdad en un mundo de maldad. «Estamos tratando con el mal —explica—, y es muy importante no convertir a estas personas en monstruos, porque la parte verdaderamente aterradora de la gente como ellos es que podrían ser cualquiera de nosotros. Cuanto más humanos son, más aterrador es. Tiene que ver con la influencia, y con la época en la que nacemos, el lugar en el que nacemos, las cosas a las que estamos expuestos. Todo está relacionado».

La actriz apostilla: «Sin duda, ella era una niña durante la Primera Guerra Mundial. Alemania, al final de aquel conflicto, quedó devastada. En Alemania, todo el mundo se avergonzaba de ser alemán. Vieron a su país en ese pozo sin fondo de la depresión económica. Creo que Hitler llegó y les dio a todos una promesa de validación. Y eso es muy embriagador, porque necesitaban liberarse del yugo de aquella vergüenza».

En el otro lado de la historia de Heydrich, Jimenez comprendía la importancia de las diferencias entre los luchadores de la Resistencia checa, y Heydrich y Lina. Estos no eran hombres y mujeres de poder y educación, sino personas sencillas, corrientes, que buscaban desafiar aquel poder porque creían que hacía falta desafiarlo.

«Aquellos soldados eran jóvenes; muy, muy jóvenes —nos recuerda Jimenez—. Algunos tenían 16 o 17 años, y dieron sus vidas por esta causa, porque no comprendían del todo las consecuencias. Sabían que algo iba mal, sentían la necesidad de cambiarlo, pero no eran del todo conscientes de los riesgos que estaban corriendo».

Jimenez eligió a Jack O´Connell y Jack reynor, unos jóvenes actores de un tremento talento, para los papeles de Jan y Jozef. «Eso no resultó fácil durante el rodaje —recuerda entre risas el director—. Gritábamos : “¡Jack ! ¡Y Jack !”, así que lo acabamos llamando “Jack ” “Jacko ”»

«Jack O´Connell es un actor muy instintivo —continúa Jimenez—. Su interpretación no viene de una larga reflexión; interpreta al personaje de una forma muy directa. Y eso era lo que quería para Jan. Tienen la misma forma de proceder: no piensan en lo que va a pasar, solo saben que tienen que hacerlo».

En el papel de Jozef Gabcik, Jack Reynor se identificó inmediatamente con el guión nada más leerlo. Y al igual que O´Connell, confió en su instinto para representar su papel «No hay mucho material disponible sobre Jan y Jozef —explica Reynor—. Al final, tenías que infundir todo lo posible al personaje el espíritu de lo que estaban intentando hacer. Poner toda la humanidad que pudiéramos en el personaje, y dejar que ese fuera el motor, más que intentar descubrir lo que comían para desayunar en los años 20».

«Evidentemente, lo que hicieron tenía que venir de un inmenso sentido de la justicia social y del hecho de que no puedes quedarte mirando cómo persiguen a tus paisanos de esa forma —prosigue Reynor—. El instinto humano básico de hacer el bien, y de actuar en este mundo por el bien de los demás, fue para mí la fuerza motriz de los personajes».

Reynor afirma que los jóvenes actores que interpretaban a los luchadores de la Resistencia congeniaron enseguida. «Nos convertimos rápidamente en un grupo muy unido. Las escenas que compartimos son en su mayoría escenas que ilustran un fuerte vínculo de camaradería y humanidad. Incluso hacia el final, en la cripta. Es patente que la fraternidad es un tema importante en la película».

Mia Wasikowska interpreta a Anna, una simpatizante de la Resistencia que se ve atraída por Jan. «Es una historia de amor muy rápida y ardiente —comenta Jimenez—. En la Resistencia, sabían que cada día podía ser el último, y vivían el momento en la medida que podían. Era un amor muy intenso, porque podía terminarse en cuestión de una semana».

Reynor coincide: «Esa gente estaba dominada en cierto grado por la ansiedad y los malos augurios, pero al mismo tiempo era muy intensa, y en esta película puedes ver que este tipo de relaciones era algo importantísimo para ellos. Son un factor determinante para lo que va a ocurrir, y ofrece a estos personajes un rayo de esperanza que les da fuerzas para hacer lo que tienen que hacer».

Jimenez dice en broma que «suplicó» a Wasikowska que interpretara ese pequeño pero vital papel. «Pensé: “Si Mia no lo hace, voy a cambiar el personaje”. Así que le dije: “Tienes que hacerlo. No te pregunto si quieres hacerlo; tienes que hacerlo”».

Sus ruegos convencieron a Wasikowska, que se embarcó en el proyecto. «Está estupenda en la película y lo que aporta es algo muy puro».

En EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO, Jimenez volvió a formar equipo con sus colaboradores habituales tras las cámaras y, con ellos, el alcance de la película se expandió. El director mostró borradores del guion a su director de fotografía, Laurent Tangy, y a su equipo fundamental, y sus aportaciones moldearon la historia al tiempo que se desarrollaban las ideas sobre el tono visual de la película.

«Para cuando empezamos, todos teníamos una idea exacta de lo que íbamos a hacer—apunta Jimenez—. Queríamos dedicar mucho tiempo a buscar localizaciones, y nos tomamos cuatro meses solo para eso. Fuimos a Praga y a Alemania, y nos decidimos por Budapest, porque no ha cambiado nada desde la década de 1940. En la preparación de la película se fueron casi ocho meses de trabajo».

Siendo una película histórica, era esencial lograr por completo la inmersión del espectador. «Quería que la gente sintiera que estaba en 1942, no en una recreación de 1942. Quería que sintieran la misma emoción que sentía esa gente».

Las primeras escenas que rodaron O´Connell y reynor fueron las del asesinato «Nos arrojaron directamente al final —ríe Reynor—. Aquella semana, Heydrich llegaba en su coche, y yo salía con un arma y Jack lanzaba la granada. Toda esa secuencia. Y recuerdo que me sorprendió lo auténtico que se veía todo. Parecía que estuvieras en 1942. Miraras donde miraras, no había ningún sitio en el que se colara el mundo actual».

Junto con Laurent Tangy, Jimenez optó en general por un estilo de cámara en mano para la película, cambiando a algunos planos generales de tono épico cuando la historia se acercaba al selecto mundo de Heydrich. «Quería una atmósfera casi irreal algunas veces, porque lo que hicieron fue real e irreal al mismo tiempo —reflexiona Jimenez—. Llegaron tan lejos que sus acciones pasaron a ser irreales».

Clarke se deshace en elogios hacia Jimenez y Tangy. «Ruedan de forma que puedas disfrutar las escenas. Las sientes en el cuerpo, mientras la cámara está en marcha. Cuando sientes una sintonía natural entre tú y otro actor, entonces nada puede salir mal. Nosotros somos el centro, y no estamos actuando cada uno por separado. Te lo pasas como nunca».

En cambio, la cámara adopta un tono casi documental cuando sigue a los luchadores de la Resistencia. «Elegí una forma realista de rodar, porque quería que fuera como si estas escenas se hubieran grabado en vivo, como si estuvieran sucediendo justo ahora. Intenté reducir el montaje al mínimo».

Jimenez y Tangy eligieron rodar en 35 mm en un mundo cada vez más volcado en lo

digital. «Quería 35 mm para obtener una textura orgánica —explica Jimenez—. Para una película de época, no me parecía bien rodar en digital».

«El director siempre marca el tono, y Cédric es un maestro en eso —dice Clarke—. Un gran director marca el tono sin que lo notes siquiera; está ahí. Cada una de las actuaciones de esta película son excelentes, porque todos se sentían a gusto con su trabajo, y es una sensación genial».

Para describir el enfoque de Jimenez, Pike toma como referencia una escena en la que Lina se enfrenta a Reinhard mientras este enseña a su hijo a tocar el piano. «Es un buen ejemplo del dominio de Cédric del lenguaje cinematográfico —explica—. Quiso que el piano no dejara de sonar para dar a entender tanto que Lina se ve apartada en lo que respecta a la información que recibe como que está silenciada físicamente al no querer interrumpir a su hijo. Reinhard lo anima a seguir tocando, y no autoriza a Lina ni le permite tener voz en esa escena. Ahí vemos lo hábil que es Cédric como director, porque encuentra metáforas visuales y sociales para todo lo que está pasando».

«Volvería a trabajar con Cédric sin dudarlo —añade—. Creo que es todo un visionario, y su forma de hacer que la gente colabore es muy, muy estimulante. Tiene una pasión tremenda».

Jimenez espera que la gente comprenda que la película trata de la importancia de las ideas, y de no tolerar una situación insostenible. «No aceptar la brutalidad, no aceptar la barbarie, no aceptar que la vida es así. Espero que esta intensa experiencia sea tan conmovedora que te haga comprender al final que algunas situaciones no pueden pasarse por alto».

Sobre el Autor

Alfi

Diseñador e ilustrador, amante del séptimo arte, devorador de Bandas sonoras y de videojuegos, y un fiel servidor al Orden Jedi.

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