Información sobre el documental La Cazadora del Águila

Esta cinta ha sido producida por Morgan Spurlock (del conocido documental ‘Super Size Me‘) y está narrada y coproducida por Daisy Ridley (‘Star Wars El Despertar de la Fuerza‘), “La cazadora del Águila” que nos ofrece una historia de valentía y superación  que está protagonizada por la joven Aisholpan, de 13 años que ha emprendido un difícil camino y se entrena para llegar a convertirse en la primera mujer cazadora de águilas en doce generaciones de la familia Kazakh, una tradición que había sido heredada de padres a hijos durante generaciones y siglos.

Información sobre La Cazadora del Águila

Otto Bell – Director

LA CAZADORA DEL ÁGUILA empezó cuando el director Otto Bell vio por primera vez una imagen que le impactó: una radiante joven en la cima de una montaña, lanzando al aire una majestuosa águila.

Las fotos de la chica, Aisholpan, tomadas por el fotógrafo israelí Asher Svidensky, maravillaron a Bell, pero el titular de una noticia de la BBC, “Una joven cazadora de águilas en Mongolia”, le intrigó aún más. “Tuve una especie de revelación”, dice. “Sabía que esta chica vivía en algún lugar del mundo. Y era necesario hacer una película sobre ella, y tenía que hacerla yo”.

Bell no se dejó intimidar por no haber hecho nunca un largometraje documental. Hasta entonces, había recorrido el mundo haciendo documentales con formato de cortometraje con contenidos vinculado a marcas. “Viví con un médico chileno, un policía brasileño, un electricista ruso o una vendedora vietnamita de leche de coco”, dice. “Todas mis películas eran retratos íntimos de gente común”. Pero tenía ganas de hacer algo a mayor escala que esos cortometrajes. Siguió a Svidensky en Facebook, y empezaron a barajar la idea de hacer una película.

Cuando comenzaron a hablar, las fotos de Svidensky se hicieron virales, apareciendo en sitios como National Geographic y el Huffington Post. “Lo vi como una especie de señal”, dice Bell. “Si las fotos habían producido tanto impacto en tantas personas como me había pasado a mí, eso quería decir que tenía algo bueno entre manos”. Por desgracia, también significaba que otros realizadores también estaban haciendo propuestas a Svidensky. Aunque Svidensky se mostraba leal con él, Bell sabía que tenía que moverse rápidamente o se arriesgaba a perder su oportunidad. Así que se armó de valor y se fue a Mongolia con Svidensky y el cámara Chris Raymond.

Después de llegar a la capital del país, Ulaanbataar, los tres se subieron a un avión bimotor rumbo a Ölgii, un pequeño pueblo de la provincia de Bayan-Ölgii, en el noroeste de Mongolia. Mientras Bell sobrevolaba el imponente y escasamente poblado paisaje mongol, le impresionó su belleza sobrenatural. Al igual que le ocurrió cuando vio por primera vez la foto de la chica en la montaña que había hecho Svidensky, tenía la impresión de estar viendo un mundo de hace varios siglos a través de una ventana. “Sabía que si quería hacer justicia a su historia, tendría que encontrar la manera de que la gente sintiera lo mismo que yo en ese momento”, dice Bell.

Después de aterrizar en Ölgii, Bell y su equipo viajaron durante dos horas en un destartalado autobús soviético antes de llegar al ger (vivienda nómada) de la familia de Aisholpan. Estaba situada junto a la ladera de una montaña en una zona remota de Bayan-Ölgii. “La primera vez que vi a Aisholpan, tras haber atravesado el mundo para verla, fue increíble”, dice Bell. “Son personas muy reservadas, así que tuve que contener mi emoción, pero mi corazón latía a toda velocidad”. Todos se sentaron a tomar una taza de té lechoso tradicional de Kazajistán, y comenzaron a hablar sobre la película. El padre de Aisholpan, Nurgaiv, les dijo: “Mi hija y yo vamos a robar un balapan (águila joven) de su nido esta mañana. ¿Es lo que les gustaría filmar?”

Para Bell, la oferta inesperada de Nurgaiv resultó emocionante a la vez que aterradora. Sabía que le había caído del cielo la posibilidad de rodar una escena extremadamente dramática, pero no contaba con suficiente equipo para rodarla bien. La Canon C300 Mark 1 (1080p) de Raymond, la DSLR de Svidensky y una diminuta cámara GoPro, no era suficiente para abarcar una escena como esa. Ni siquiera contaban un técnico de sonido, sólo un grabador digital Zoom de bolsillo que el director había traído para las entrevistas. No podía pedirle a Aisholpan que aplazara su captura del águila así que ésta podría ser la única oportunidad del cineasta.

Así que Bell se lanzó. Situó a Raymond debajo para que pudiera abarcar la enormidad del escenario y mostrar lo altos que estaban Aisholpan y Nurgaiv. (Además Raymond tenía miedo a las alturas). Él y Svidensky escalaron la montaña y bajaron hasta el saliente donde Nurgaiv estaba atando a Aisholpan con una cuerda. Bell ató el GoPro al interior del jersey de Aisholpan para que pudiera obtener algunos planos desde esa perspectiva.

Justo cuando Aisholpan trepaba por el saliente, Bell le pidió que permaneciera ahí un momento para que él y Svidensky pudieran bajar a un saliente inferior -con ayuda de su conductor- para filmar su trayectoria desde abajo. “Asher es un tipo grande”, dice Bell. “Fue muy peligroso”. Los dos estaban ahora situados en un pequeño saliente a la izquierda de donde Aisholpan intentaba enganchar al águila. “Asher no tenía trípode, así que yo intentaba que se mantuviera firme”, dice Bell. “Estaba sosteniendo el Zoom hacia arriba, hablando al oído de Asher tratando de que no perdiera el encuadre, y mientras tanto el águila madre daba vueltas por encima de nuestras cabezas. Era una oportunidad única”. Después de que Aisholpan volviera a subirse al saliente superior, Bell y Svidensky tuvieron que escalar de nuevo para rodar la secuencia de Aisholpan y su águila. “Si se ve bien”, dice Bell, “se lo debemos a Pierre Takal, nuestro montador, ¡porque fue una improvisación total!”

Bell había sobrevivido al rodaje de esta secuencia fundamental, pero no quería que el resto de su película se hiciera de manera tan atropellada. Sabía que si contaba la historia de Aisholpan al estilo del cinéma vérité, no transmitiría la irrealidad de lo que estaba ocurriendo allí. Tenía que captar los rasgos épicos del paisaje mongol. “Es tan enorme y tan cinematográfico”, dice. “La única manera de capturarlo es desde el aire”.

El único problema de hacer la película épica que quería era el dinero. Todo había salido de sus escasos ahorros y del saldo de sus tarjetas de crédito. Contar con un equipo profesional era absolutamente imposible. Incluso un técnico de sonido sería una extravagancia, por lo que Bell tendría que seguir utilizando su pequeña grabadora Zoom. Bell no estaba preocupado, porque sabía que podía lograr resultados sorprendentes utilizando equipos baratos. Después de pasarse años pagando tarifas exorbitantes a los técnicos en sus cortometrajes, tenía algunos amigos que le debían favores.

El más importante era su antiguo colaborador, el director de fotografía Simon Niblett. Niblett no sólo estaba dispuesto a ayudar a Bell a hacer realidad su sueño, sino que además se trajo un dron casero y una grúa además de su cámara y su maleta. Niblett, un autodenominado fanático de la tecnología, llevaba años fabricando su propio equipo, y todo estaba diseñado para poder empaquetarlo en cajas pequeñas. Fue la primera persona del Reino Unido en utilizar una cámara digital RED ONE en uno de sus trabajos. Niblett también construyó una grúa de nueve metros, basada en un mástil de barco, que colocaron en una bolsa de un snowboarder para el rodaje de LA CAZADORA DEL ÁGUILA. Los drones no sólo se utilizaron para la fotografía aérea, también sirvieron de “trípodes en el cielo”, donde podían mantenerse sin moverse en ángulos inusuales. La grúa se utilizó para los planos en los que la cámara se movía cerca de las personas o en situaciones donde la crudeza del clima hacía imposible que los drones volaran. Los realizadores llegaron a hacer una “cámara de águila” con el arnés de un perro para crear una auténtica vista de pájaro.

Trabajar con equipos de esta naturaleza y una cámara 4K EPIC de gran tamaño no permite realizar películas con cámara al hombro. Bell y Niblett tuvieron que encontrar un equilibrio entre hacer una película que fuera fiel a su temática a la vez que majestuosa como una superproducción de Hollywood. La mayoría de lo que hicieron no es muy diferente de lo que se hace en casi todos los documentales. En algunas ocasiones se pidió a los sujetos que repitieran las acciones más de una vez, pero nunca se les pidió que lo hicieran de otra forma. “He visto trabajar a muchos directores de documentales a lo largo de los años”, dice Bell, “y algunos tienen mucha cara porque piden a la gente que repita las cosas una y otra vez. La verdad es que yo no tengo ese gen. Me pongo muy nervioso y me angustia pedirlo cuando sé que el día ha sido muy largo”.

Bell se labró con mucha paciencia y cautela la amistad de Aisholpan y su familia. “Fue complicado, porque es una chica de 13 años enfermizamente tímida, y yo no hablaba el idioma”, dice Bell. “Al principio me centré en la relación con sus padres para que se sintieran cómodos. Son gente muy reservada y estoica, así que tuve que respetar su forma de ser cuando les conocí. Llevó un tiempo, pero poco a poco ella y yo nos fuimos haciendo muy buenos amigos”. La realizadora Martina Radwan estuvo con Aisholpan y su familia dos semanas, y capturó muchos momentos de la vida cotidiana para la película como por ejemplo escenas de Aisholpan en la escuela, cenas familiares o cuando patinaba sobre hielo con sus amigos. “Queríamos ofrecer al público una ventana por la que asomarse a la vida cotidiana de Aisholpan”, dice Bell.

Bell rodó sus entrevistas con los ancianos cazadores de águilas durante su primer viaje a Mongolia, en el pueblo de Sagsai, donde viven muchos de ellos. Tuvo que ir puerta a puerta para encontrar a sus entrevistados y les hizo preguntas más generales sobre la caza del águila antes de llevar la conversación a las cazadoras de águilas femeninas, que provocaron comentarios condescendientes que se escuchan en la película como que las mujeres son “demasiado frágiles” o “no suficientemente valientes” para cazar con una Águila Real.

Los cazadores de águilas octogenarios viven en lugares remotos y dedican sus vidas a una tradición centenaria. Representan sin lugar a dudas las ideas más reaccionarias sobre el papel de la mujer entre los kazajos y en Mongolia en general. Sin embargo, el apoyo que muestran los padres de Aisholpan para que cumpla su sueño, nos dice que en el país hay muchos puntos de vista. “No hay discriminación de género cuando se trata de cazar con águilas”, dice Nurgaiv. “Cualquiera que sea capaz de cazar con un águila puede hacerlo. Aisholpan es una chica muy valiente. Monta caballos, escala rocas y caza con águilas con facilidad, como un chico. Estoy muy orgulloso de ella”. Aisholpan afirma: “Las chicas y los chicos son igual de fuertes: si un chico puede hacer algo, las chicas también pueden hacerlo”.

Al mismo tiempo, existe una larga historia de ideas y costumbres patriarcales entre los kazajos, muchas de las cuales permanecen hoy en día en muchos gers. Como ha señalado el estudioso Dennis Keen: “El trabajo en el hogar está dividido de forma muy rígida entre hombres y mujeres. Los hombres se ocupan del ganado, del dinero, cazan y tienen más actividades de ocio. Por su parte, las mujeres se ocupan de los niños, de los invitados y el tiempo libre lo dedican a coser o a comprar”. El lado izquierdo del ger es dominio de las mujeres; el derecho de los hombres. Es fácil comprender por qué los viejos cazadores de águilas se oponen a la idea de una chica cazando águilas, aunque no existe una regla establecida en contra.

El deseo de Aisholpan de convertirse en una cazadora de águilas no fue fruto de un capricho. “Tenía diez años cuando decidí que quería ser cazadora de águilas”, dice Aisholpan. Bell afirma: “Si una chica americana dijera de repente: ‘¡Papá, quiero ser vaquera de rodeo!’ nos preguntaríamos de dónde le viene esa idea. Pero si hubiera vivido los trece años de su vida al lado de un corral, el padre diría: ‘Sabía que llegaría este día.’

Aunque Aisholpan no es la primera cazadora moderna de águilas de Kazajistán. Makpal Abdrazakova, una abogada de Kazajistán la precedió. Pero es la primera mujer mongola que compite en el Festival del Águila Real en Igii y gana, derrotando a 70 veteranos cazadores de águilas. Pero el triunfo de Aisholpan fue particularmente espectacular porque batió un récord. Treinta segundos es un tiempo excelente para un águila que se abalanza desde la cima de una montaña y aterriza en el brazo de su amo. En muchos casos los pájaros se limitan a echar a volar. El águila de Aisholpan voló hasta su brazo en cinco segundos, el tiempo registrado más rápido hasta la fecha.

Después del triunfo de Aisholpan, Bell volvió a Sagsai para saber cómo los ancianos cazadores de águilas habían encajado que una chica los derrotase. Como era de esperar, rechazaron su victoria y afirmaron que para que Aisholpan demostrara que era auténtica cazadora de águilas, tendría que cazar con éxito un zorro con su águila.

Mientras que la victoria de Aisholpan hubiera sido un final feliz para la película, Bell sabía que tenía que volver y rodar la caza. Por desgracia, se había quedado sin dinero. “Sabía que teníamos que regresar de alguna manera para la caza de invierno”, dice Bell. “No podía dejar a la familia en la estacada y no contar una historia tan importante”.

Bell montó un tráiler de diez minutos y lo envió al famoso director y productor Morgan Spurlock (SUPER SIZE ME). “Me quedé alucinado”, dice Spurlock. “Parecía increíble, y la historia de Aisholpan es una de las historias más potentes que había escuchado jamás”. Spurlock ayudó a Bell a encontrar financiación, le facilitó equipo y le proporcionó los servicios de la veterana productora Stacey Reiss para que supervisara la película en los dos rodajes que quedaban así como en la posproducción.

Con la financiación asegurada, Bell regresó a Mongolia con el equipo más grande que había tenido hasta la fecha y que incluía un técnico de sonido, Andrew Yarme, para filmar las escenas de caza. Aunque parece que la caza dura un día, en realidad el rodaje duró 22 días, ya que el equipo sólo podía permanecer fuera unas cuantas horas debido a temperaturas de 40 bajo cero. Para empeorar las cosas, Bell se rompió el brazo poco antes de salir y tuvo que lidiar con el frío llevando una escayola. “Llevábamos ropa de abrigo en la caza”, dice Aisholpan, “pero no fue fácil”. Bell dice: “Apuesto a que la gente que hizo EL RENACIDO llevaba mantas eléctricas. Nosotros no. Tuvimos que encender fuegos debajo del motor de nuestra furgoneta para que arrancara. Las manos se nos pegaban a los trípodes y a todo lo que fuera de metal. Estábamos buscando zorros salvajes en medio de la tundra, y a veces, el águila de Aisholpan estaba demasiado congelada para volar de forma agresiva”.

Los realizadores estaban experimentando la durísima realidad de la caza del águila, algo que pocas personas pueden soportar o, francamente, quieren soportar. Por esa razón, la determinación y la capacidad de Aisholpan son tan extraordinarias. “Un día, cuando estábamos terminando de rodar, para divertirme, me senté en uno de sus caballos con el águila de Aisholpan en el brazo”, dice Reiss. “Apenas podía sostener el brazo, es un pájaro muy pesado. Eso ya es muy difícil, pero ver a Aisholpan cabalgando a galope es alucinante”. Spurlock indica: “Me emociona muchísimo ver a Aisholpan coger su águila. Hay cosas que son hazañas tan grandes fruto del esfuerzo humano que es difícil describirlo con palabras. Te dejan sin habla. He visto la película un montón de veces y sigo llorando cada vez”.

Durante el rodaje de la caza, el equipo se quedó en el pueblo de Altai, en casa de Dalaikhan, un viejo amigo de Nurgaiv. Una de las cosas que más fascinaron a Bell sobre los cazadores de águilas fue la costumbre que tienen de devolver sus águilas a la naturaleza a los siete años. “Dalaikhan me dijo que ya llevaba casi ochos años con su águila y había llegado la hora de devolverla”, dice Bell. “A pesar de que solía liberarla en primavera, accedió a hacerlo en invierno. Fue otra de las cosas que me cayó del cielo en esta película”. A Bell le gustó la idea de desafiar las expectativas utilizando esta escena para abrir la película. “La gente espera ver una película sobre una niña muy fuerte y valiente, pero lo que van a ver es el sangriento sacrificio de un anciano”, dice. “Pero quería insistir en el círculo de la vida: Después de ver esta escena, Aisholpan captura su águila. Se podría decir que la ‘vieja guardia’ se retira y una niña recoge el testigo”.

Poco antes de que la película se estrenara en Sundance en enero de 2016, STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA era el tema de todas las conversaciones y Spurlock vio un vínculo entre “Rey”, el personaje que interpreta Daisy Ridley, y Aisholpan. “Es algo que está sucediendo en nuestro mundo y en nuestro tiempo ahora mismo. Estamos dando voz y poder a las mujeres jóvenes de una manera que nunca había sucedido antes”, dice. “Creo que esta película refleja perfectamente ese sentir”. Spurlock arregló una cita para que Ridley viera la película y Bell la llamó poco después. “Me contó que se había pasado toda la película acurrucada en el sofá de su salón y sin parar de llorar. Además me contó con mucho detalle momentos concretos”, dice Bell. “Quedó claro que estaba dispuesta a ayudarnos a promocionarla con todas sus fuerzas”. Así que Ridley no sólo se convirtió en productora ejecutiva, también grabó la narración para la versión cinematográfica de la película.

En última instancia, LA CAZADORA DEL ÁGUILA no trata sobre la barrera que rompe Aisholpan, sobre ganar un premio en un festival, sino de demostrar lo equivocados que estaban algunos ancianos gruñones. Ella no es la única cazadora de águilas de Asia Central, no es la única chica de Asia Central o del mundo que ha logrado algo increíble. Pero después de 12 generaciones de cazadores de águilas en su familia en las que esa antigua tradición pasa de padre a hijo, Aisholpan fue la primera chica en decir “¡Quiero hacer esto!” Nunca pensó que no podía ser cazadora de águilas porque su padre y su madre nunca se lo impidieron. Con su luminoso semblante, su fuerza y su coraje, Aisholpan es una brillante metáfora de un mundo que se niega a decir no a los sueños de alto vuelo de las niñas. “Todo este viaje es sobre su victoria personal”, dice Bell. “Por eso termino la película con tanta serenidad, con Aisholpan y su padre cabalgando hacia la puesta del sol y volviendo a casa”.

SOBRE LA CAZA DEL ÁGUILA

En lengua kazaja águila se dice bürkit, así que un cazador de águilas es un bürkitshi, y el plural de cazadores de águilas es bürkitshiler. La caza con águilas sólo se practica en Eurasia y lo hace sobre todo el pueblo kazajo y kirguí.

Los bürkitshiler cazan con águilas reales, uno de los animales de la tierra que se desplazan a mayor velocidad. De hecho, son capaces de alcanzar velocidades de hasta 305 km/hora. Curiosamente, a pesar de ser una actividad que los hombres llevan realizando siglos, los cazadores de águilas sólo utilizan hembras porque son más grandes y feroces. Pesan hasta 7 kilos y tienen una altura aproximada de 1 metro, con alas muy anchas que pueden abarcar más de 1,80 metros cuando están desplegadas. Las águilas reales matan a sus presas utilizando sus garras afiladas que son tan fuertes que llegan a romper huesos. Tienen un color dorado en la nuca y por eso también se les llama águilas doradas. Los adultos son de color castaño oscuro y las águilas jóvenes son casi negras con plumas blancas en las alas.

Los antiguos métodos de los cazadores varían mucho ya que cada familia atesora técnicas y secretos que se transmiten de generación en generación, pero hay cinco aspectos comunes: captura, domesticación, adiestramiento, caza y elaboración de los equipos. Hoy se puede agregar un sexto aspecto, las competiciones, ya que los cazadores de águilas participan en festivales para comparar sus habilidades con las de los demás.

La captura exige que los bürkitshiler tengan amplios conocimientos sobre el animal, desde donde anida hasta qué características -edad, cuerpo y tamaño de la cabeza, forma del pico, etc.- tendrán las mejores águilas cazadoras, además de las habilidades necesarias para que una captura que tenga éxito.

Domesticación es el proceso de domesticar al pájaro para que se cree un vínculo con su amo. Los cazadores de águilas llegan a mostrarse muy afectuosos con sus pájaros, acariciando sus plumas y arrullándoles. A veces también dejan que las águilas utilicen sus dedos para limpiarse el pico, pero no suelen darles nombres, y cuando lo hacen suelen ser descriptivos, como “Alas blancas” de Aisholpan.

A veces el adiestramiento implica arrastrar cuerdas con pieles de animales, que es uno de los eventos del Festival de las Águilas. Algunos bürkitshiler empiezan con presas pequeñas y van aumentando a animales más grandes; otros comienzan a alturas bajas y van pasando gradualmente a mayores alturas.

La caza del águila tiene lugar en invierno, generalmente de noviembre a febrero, cuando es más fácil ver a los zorros y a otras presas gracias al contraste con el blanco de la nieve. Participar en una cacería es el rito de iniciación para un joven bürkitshi, como Aisholpan. El cazador principal se coloca a una gran altura para lanzar el pájaro. A nivel del suelo, otro cazador (o cazadores) carga sobre la presa para impulsarla a tomar el vuelo.

Por regla general, los cazadores utilizan sus águilas reales para cazar pequeños animales como conejos y marmotas como alimento, y zorros por su piel. Aunque las águilas se han utilizado para atacar a lobos, es arriesgado porque el pájaro puede resultar herido.

Finalmente, la mayoría de los bürkitshiler utilizan madera, cuero y bordados para elaborar y decorar sus equipos, creando piezas muy artísticas e imaginativas. Los cazadores protegen sus antebrazos de las feroces garras del águila con un grueso guante de cuero llamado byalai. Las águilas llevan una capucha de cuero, llamada tomagha que las mantiene tranquilas, y las arrastran por los tobillos a una percha, utilizando pihuelas de cetrero. Los cazadores de águilas montan sus caballos con sus águilas encaramadas en el brazo derecho, apoyados en un baldaq, un apoyabrazos de madera en forma de Y que está atado a la silla de montar.

La cetrería se remonta al siglo III a.C. durante la dinastía Han china, pero no todos los eruditos coinciden en que los pueblos de la estepa eurasiática fueran los primeros en cazar con águilas. Marco Polo escribió sobre las cacerías de Kublai Khan (el nieto de Genghis Khan, 1215-1294) con miles de halconeros, incluyendo águilas reales. Sabemos que los nómadas kazajos lo llevan practicando hace siglos, porque su recuerdo se remonta a sus propias generaciones. El padre de Aisholpan, Nurgaiv, conoce los nombres de diez cazadores de águilas en su familia antes de él. Por lo tanto, Aisholpan representa la duodécima generación.

Durante los años en que Mongolia estuvo bajo el yugo comunista (1924-1990), la práctica de la caza del águila conoció un gran declive ya que el estilo de vida nómada se vio afectado por las turbulencias políticas.

Después, Mongolia, Kazajistán y Kirguistán se liberaron del comunismo en los años 90 y los cazadores de águilas trataron de recuperar las tradiciones que habían sido denostadas por el gobierno soviético y a finales del siglo XX empezaron a celebrarse Festivales de Águilas anuales en los tres países. El Festival del Águila Real de Olgii, en el que compitió y que ganó Aisholpan, empezó a celebrarse en 1999.

Los kazajos practican habitualmente la caza del águila en Bayon-Ölgii, Mongolia, así como en Kazajistán, así como en las montañas de Saur y Altai en Xinjiang, China. La tradición también se mantiene entre pueblo kirguí en Kirguistán y Akqi, Xinjiang, China, y entre los turcomanos de Turkmenistán.

En la antigüedad, la caza del águila tenía una connotación religiosa, espiritual o chamanística, pero desde su renacimiento en los últimos años ha adquirido tintes más culturales y nacionalistas, y su imagen se puede encontrar en el dinero, en banderas, películas y vídeos musicales. Debido a la creciente fascinación que ejerce esta práctica tanto en Asia como en Occidente ha aumentado el número de cazadores y sólo en Bayan-Ölgii hay varios centenares.

Como se aprecia en la película, en 2016 los kazajos no necesitan utilizar águilas para matar a los zorros ya que poseen y usan armas. “No lo practican como un deporte ni tampoco como un trabajo, es algo difícil de explicar”, dice Dennis Keen, un especialista que estudia a los cazadores de águilas en Kazajistán. “Para ellos, forma parte de su cultura, de su estilo de vida. Es una tradición de la que se sienten muy orgullosos”.

 

LOS KAZAJOS

Los kazajos son descendientes de nómadas que se han desplazado durante siglos por las tierras enclavadas entre las montañas de Altai y el Mar Negro. Se dedican al pastoreo de ovejas, cabras, camellos, yaks, caballos y ganado. El fundamento de su sociedad eran las tribus de familias extensas dirigidas por ancianos varones.

A mediados del siglo XIX, cuando las rebeliones de Taiping y Dungan expulsaron a los kazajos de China hacia países vecinos, los kazajos empezaron a instalarse en la provincia de Bayan-Ölgii en Mongolia occidental, la zona con mayor altitud del país. Los kazajos de la zona pertenecen en su mayoría a la tribu Kirei, que tienen tradiciones únicas, como sus famosos sombreros de piel de zorro.

En 1911, Bogd Khan, el líder de Mongolia, los aceptó como ciudadanos de Mongolia, y acordó designar una zona en la que se asentaran. Después de que Mongolia pasase a ser dominio comunista en 1924, el líder Khorloogiin Choibalsan llevó a cabo una brutal purga de kazajos, budistas, y otros, confiscando sus propiedades y sus animales, y asesinando a más de 30.000 personas. De 1947 a 1957, las políticas soviéticas sobre la carne y otros recursos sembraron el hambre en todo el país. A finales de la década de 1950, después de la muerte de Choibalsan, los empobrecidos kazajos y otros pastores debían donar sus animales a las granjas colectivas comunistas. Durante este periodo, el estilo de vida nómada corrió un serio peligro y sólo empezó a recuperarse en la última década del siglo XIX.

Cuando Kazajistán logró su independencia en 1991, invitaron a todos los kazajos de la diáspora a regresar al país. Más de 70.000 kazajos de Mongolia lo hicieron, pero a día de hoy sólo quedan 100.000. Los kazajos siguen siendo la minoría étnica más numerosa de Mongolia ya que representa el 4% de la población. Tienen su propia lengua kazaja, que pertenece a la familia de las lenguas túrquicas, y son mayoritariamente musulmanes, mientras que la mayoría de los mongoles son budistas o no religiosos. El 90 por ciento de los kazajos vive en Bayan-Ölgii, y el resto vive principalmente en la provincia de Khovd y en Ulaanbaatar, la capital de la nación.

Hoy en día la mayoría de las familias kazajas se denominan semi-nómadas porque sólo se mueven estacionalmente un máximo de cuatro veces al año. La familia de Aisholpan se mueve dos veces al año: viven en su ger durante la primavera y el verano, y en una casa construida de madera, piedra y adobe durante el otoño y el invierno.

Muy pocos kazajos siguen viendo en gers, pero las estructuras tienen gran importancia en la cultura y tradición de Kazajistán y Mongolia. Son estructuras redondas con paredes fácilmente desmontables, postes y un techo cubierto con telas y fieltro atados con cuerdas. Están diseñadas para soportar sucesivos montajes y desmontajes. Con el paso de los siglos, los gers se han ido perfeccionando y se han convertido en estructuras aerodinámicas perfectas que soportan los fuertes vientos de Mongolia.

Tradicionalmente, la cultura kazaja tiene ideas rígidas sobre los roles del hombre y la mujer: el hombre pastorea y la mujer cocina y cuida de los niños. Pero con el paso del tiempo, los nómadas kazajos, a pesar de su aislamiento físico, se han visto influenciados por el mundo moderno, asumiendo ideas más avanzadas sobre el papel de la mujer. La constitución de 1924 instauraba la igualdad de sexos y décadas después hay más mujeres universitarias que varones. En las ciudades, las mujeres mongolas lucharon contra el sexismo profundamente arraigado en la década de 1990 y se convirtieron en abogadas, políticas, productoras de cine, escritoras, periodistas y atletas, y los avances se extendieron por todo el país a través de las familias, el turismo y la tecnología, como los teléfonos móviles. Con el tiempo, las actitudes sobre el género han empezado a relajarse entre algunos kazajos rurales, como es el caso de la familia de Aisholpan, aunque aún persisten muchas costumbres profundamente patriarcales.

Sin embargo, es probable que los viejos cazadores de águilas de Kazajistán, como los que se ven en la película, sigan resistiendo a la idea de que haya cazadoras de águilas, a pesar de que el mundo celebra los extraordinarios logros de cazadoras de águilas como Aisholpan y Makpal Abdrazakova que además han inspirado a muchas otras mujeres a seguir sus pasos.

Agradecimiento especial a Oyungerel Tsedevdamba por su aportación a este texto.

Sobre el Autor

Alfi

Diseñador e ilustrador,, amante del cine, devorador de Bandas sonoras, videojuegos, y un fiel servidor al Orden Jedi.

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