Supervivencia al límite con Infierno Blanco

A pesar de su escaso presupuesto, y a que en el reparto hay pocos nombres conocidos, “Infierno Blanco” se ha hecho con el número uno de la taquilla en Estados Unidos, y ahora le toca el turno a nuestro país.  

“Infierno Blanco” tiene su origen en el relato corto “Ghost walkers”, escrito por el guionista de la cinta, Ian Mackenzie Jeffers, con la colaboración del director del film, Joe Carnahan (“Ases calientes”, “El equipo A”). La historia contribuye a engrosar el tradicional genero del cine de supervivientes, hombres enfrentados a las fuerzas de la naturaleza. Una larga lista de títulos muy similares han precedido a esta, desde la mítica “¡Viven! (Frank Marshall, 1993), el clásico “Defensa” (John Boorman, 1972) y el gran referente que supuso “El vuelo del Fénix” (Robert Aldrich, 1965), que narra las aventuras de un grupo de supervivientes en el Gobi, tras estrellarse su avión.   

“Infierno Blanco” sigue esta línea tradicional y fue rodada en un pueblo de apenas 5.500 habitantes, situado en la Columbia Británica, a tan solo 12 horas de Vancouver. La ubicación no podía ser más perfecta, dado que se trata de un amplio paraje montañoso y donde el mismo director sometió a los actores a una filmación en condiciones muy duras. De este modo describe Carnahan la experiencia: «Rachas de viento de 130 km/h, horas a la intemperie con un tiempo helado.  Intentaba decir una frase del guión y la boca no se me movía. Las ventiscas nos echaron tres veces de las montañas. Tenía indicios de congelación en los dedos de las manos y de los pies»

Incluso hubo un momento en el que los actores se vieron con la nieve hasta los muslos, a lo que hubo que sumar la falta de visibilidad que provocó una ventisca, fue también una tarea durísima para las cámaras, que no pudieron utilizar la grúa al estar el combustible de la maquina congela. 

Una historia, que como tantas otras, nos muestra como un grupo de trabajadores de una refinería de petróleo sufre un accidente aéreo en las montañas de Alaska. Los supervivientes pronto designaran a uno de ellos como su líder (Liam Neeson),  y tendrán que idear la manera de sobrevivir en tan inhóspitas circunstancias, y más cuando algunos de ellos presentan graves heridas que hacen temer por su vida. Su situación es prácticamente imposible de localizar, y el tiempo no les da ni un minuto de tregua, amenazándolos con morir congelados. Lo que nadie podía imaginar, es que no están solos allá arriba, y si quieren salir con vida de las montañas, tendrán que luchar como lobos para conseguirlo. 

Aunque la historia nos recuerda mucho a “El vuelo del Fénix”, los cierto es que las diferencias en el paisaje nos son las únicas a tener en cuenta, porque si bien en aquella los actores eran muy conocidos, en esta ocasión no los son, salvo el caso del protagonista que no es otro que Liam Neeson (“Ira de titanes 3D”). El motivo por el que escasean los rostros conocidos, nos lo da Dermot Mulroney (“Una aventura extraordinaria”), uno de los actores que forma parte del grupo de accidentados: «En muchas películas, si ves a un grupo de gente subiéndose a un avión y reconoces a media docena, ya sabes de antemano quién va a sobrevivir, y eso estropea el efecto. Por eso, Joe [Carnahan] eligió para la película a actores muy fuertes y entregados; puede ser que hayas visto a alguno antes, pero no a todos, todavía». El resto del reparto lo conforman Joe Anderson (“Amelia”), Frank Grillo (“Warrior”), James Badge Dale (“La conspiración”), Ben Bray (“Mentes en blanco”), Nono Anozie (“Conan el bárbaro”) y Dallas Roberts (“En la cuerda floja”).